¿Qué buscan quienes escuchan la HJUT?

En la emisora entendemos la radio como un espacio para descubrir, comprender y disfrutar la música sin afán.

Hay un gesto que se repite todos los días y que, precisamente por cotidiano, pasa inadvertido.

Alguien entra a su carro, enciende el motor y, casi de manera automática, busca una emisora. Lo hace sabiendo que en su teléfono tiene acceso inmediato a millones de canciones y a todo tipo de contenidos. Sin embargo, decide escuchar la radio.

¿Por qué?

La explicación no está en la tecnología. O, al menos, no solamente allí. Hace mucho tiempo las plataformas de streaming demostraron que son extraordinarias para poner al alcance de cualquier persona prácticamente toda la música grabada. Si la radio existiera únicamente para reproducir canciones, tendría muy poco que ofrecer frente a esas posibilidades.

Pero la radio nunca fue solo eso.

Estudio de emisión de la HJUT en el campus de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Desde sus comienzos la radio ha acompañado la vida cotidiana de las personas. Está presente mientras alguien conduce hacia su trabajo, prepara el desayuno, organiza la oficina, estudia o simplemente necesita una voz que haga menos silenciosa la jornada. Ha informado en momentos difíciles, ha dado voz a las comunidades y ha servido de puente entre los acontecimientos cotidianos y quienes los viven.

La radio tiene una virtud que sigue siendo profundamente humana: no espera que el oyente la busque. Está ahí, acompañándolo. Muchas veces basta una voz, una historia o una obra musical inesperada para cambiar el tono de una mañana.

También conserva una capacidad que pocas veces se menciona: sorprender.

Durante más de 35 años, Jose Daniel Ramírez Combariza ha colaborado en la emisora como realizador, periodista, coordinador de la Academia HJUT y programador.

Las plataformas suelen ofrecernos contenidos a partir de nuestros hábitos de escucha. La radio, en cambio, todavía puede abrir una puerta que no sabíamos que existía. Un compositor desconocido, una interpretación extraordinaria, una conversación con un artista o la historia detrás de una obra aparecen sin haberlas pedido. Esa posibilidad de descubrir sigue siendo uno de los grandes privilegios de escuchar una buena emisora.

En la HJUT vivimos esa realidad todos los días. Muchos de nuestros oyentes encienden la emisora al comenzar la mañana y la dejan sonar durante horas. Nos acompañan mientras trabajan, leen, estudian, atienden su oficina o realizan las tareas de la casa. No buscan únicamente música. Buscan una compañía tranquila, una programación que no invada su espacio y que, al mismo tiempo, les permita descubrir algo nuevo.

Por eso nuestra intención nunca ha sido ofrecer simplemente una sucesión de obras musicales. Queremos construir una experiencia de escucha. Un lugar donde la música tenga espacio para respirar, donde las palabras aporten contexto y donde cada programa despierte la curiosidad del oyente.

En la cabina de grabación, Orlando Ricaurte presta su voz a numerosos espacios de nuestra programación.

La música clásica o música culta ocupa un lugar central en nuestra programación, pero no está sola. También el jazz, el bolero, la música colombiana, las músicas del mundo y otras expresiones musicales hacen parte de una propuesta que busca acompañar emocionalmente a quienes nos escuchan. Muchos oyentes nos cuentan que la HJUT hace parte de su rutina diaria porque les ayuda a concentrarse, a trabajar con serenidad o, simplemente, a encontrar un momento de calma en medio del ritmo acelerado de la jornada.

En un entorno donde buena parte de los contenidos compite por captar nuestra atención a toda velocidad, seguimos creyendo que vale la pena escuchar sin afán. Dejar que una obra se desarrolle completa. Conocer la historia de un compositor, descubrir un nuevo intérprete de jazz, comprender el origen de un bolero o acercarse a la riqueza de la música colombiana.

Transmisión en vivo del programa Alma de Bolero, a cargo de Camilo De-Irisarri, desde el restaurante 48 Paellas.

Quizá esa sea una de las responsabilidades más valiosas que tiene hoy una emisora cultural: recordarnos que escuchar también puede ser un acto de atención, de curiosidad y de encuentro.

La tecnología seguirá transformando la manera en que accedemos a los contenidos. Eso ha ocurrido desde que apareció la radio y seguirá ocurriendo en los años por venir. Lo verdaderamente importante no es el dispositivo desde el que escuchamos, sino aquello que encontramos al otro lado.

Cada día miles de personas encuentran en la HJUT una compañía discreta y permanente. Una emisora que no busca imponerse sobre el oyente, sino acompañarlo. Esa confianza nos compromete a seguir construyendo una programación hecha con criterio, sensibilidad y respeto por el tiempo de quienes nos abren un espacio en su vida cotidiana.

Quizá por eso, desde hace tantos años, nos definimos como un refugio sonoro para una audiencia selecta. No porque pensemos en una audiencia exclusiva, sino en personas que disfrutan descubrir, escuchar con atención y dejar que la música, las ideas y las historias hagan parte de su vida diaria.

Artículo escrito por:
Camilo De-Irisarri Silva

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